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Vuelta al trabajo, cambio de empleo

Un tercio de los trabajadores se plantea cambiar de empleo a la vuelta de las vacaciones. En concreto, el 27,5% de los ocupados españoles contempla la posibilidad de encontrar otro trabajo a corto plazo, según un reciente análisis elaborado por la empresa de Recursos Humanos Randstad.

Igual que sucede con el nuevo año, el arranque de curso suele ser «una etapa de ruptura, un punto de inflexión que nos hace interesarnos en qué tipos de trabajos se ofrecen ahora», explica Jordi Tous, profesor de Psicologia del Treball i Recursos Humans en la Universitat Rovira i Virgili (URV).

El componente psicológico es importante en estos movimientos del mercado laboral que, de forma recurrente, se dan entre los meses de septiembre y octubre. «La gente tiene tiempo para interactuar con otras personas en vacaciones -explica Tous-, ve más cosas y le cuentan otras experiencias; son los momentos de las grandes rupturas».

Los trabajadores con estudios superiores son lo que más predispuestos a cambiar de empleo se muestran en estas fechas posteriores a las vacaciones. Un 36,7% de ellos se plantea ese cambio, frente al 20,4% de los empleados con educación secundaria o inferior que piensan en ello. En medio quedan los profesionales con un una titulación de Bachillerato, con un porcentaje del 27,1%. También en el nivel de actividad destacan los titulados universitarios. Un 13,3% de ellos está buscando de forma activa otro empleo en estas fechas, frente al 7,7% de Bachillerato y el 6,5% de secundaria o inferior.

Valentín Bote, director de Randstad Research e impulsor de este estudio, confirma que «el comienzo del año y del nuevo curso son los dos grandes momentos del año en que uno se replantea cosas, tanto en el ámbito personal como en el profesional». Apuntarse al gimnasio, ir a clases de inglés, actualizar el curriculum de Linkedin... fantasear con cambiar de empleo.

Con una diferencia respecto a años anteriores: las opciones reales son hoy mucho más abundantes. «Es un contexto donde se percibe que hay oportunidades laborales», explica Valentín Bote. «Desde el año 2014 -prosigue-, la oferta de empleos va creciendo; los que buscan estos meses, a diferencia de campañas como la de verano o Navidad, es gente que ya tiene un empleo y quiere cambiarlo».

Motivos para cambiar de ciudad por un nuevo empleo en Catalunya 

«Es cierto -prosigue Bote- que, cuando uno para en vacaciones de su rutina diaria, tiene tiempo para que se despierte el deseo de cambiar. Hay un componente de psicología laboral, pero también es verdad que, objetivamente, septiembre y octubre son meses donde se activa la contratación laboral».

Gina Aran, profesora del máster de Gestión y Dirección de Recursos Humanos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), corrobora que «se dan dos fenómenos en septiembre: uno es un ‘efecto año nuevo’, con el nuevo curso, donde hemos reflexionado, estamos activos, tenemos más ganas de hacer cosas; junto a eso, es una punta del año donde las empresas buscan gente, porque es cuando están haciendo las previsiones para el año que viene».

Los dos grandes momentos del año en los que se activa el mercado laboral para todas aquellas vacantes no relacionadas con la estacionalidad son «mediados-finales de septiembre, por un lado, y febrero por el otro», explica Aran. Aunque matiza: «Es un fenómeno que se veía de manera más nítida años atrás; con el número creciente de gente que entra en el trabajo colaborativo, en los últimos años se ha desdibujado un poco».

Porcentaje de ocupados que se plantea cambiar de trabajo a la vuelta de vacaciones

Tras años muy duros en los que la consigna era ‘mantener la posición’ a toda costa en un mercado laboral donde los ERE llegaron a ser el pan de cada día, «ya han pasado tres o cuatro años» desde la reactivación de ese mercado, explica Gina Aran, «y hay gente que ya se ha envalentonado» para cambiar de empleo. Simplemente, «la gente ha observado el mercado y, si hasta ahora el pensamiento mayoritario era ‘sobre todo, sobre todo, que no pierda el trabajo’, ahora ese pensamiento está en mirar dónde estará ese trabajo en el futuro». De alguna manera, adelantarse a la próxima crisis. «La pregunta que se hacen muchas personas es ‘dónde estará el trabajo pasado mañana’», abunda Aran.

En esta fase parecemos encontrarnos. Pocos de quienes aguantaron el chaparrón en los años más duros de la Gran Recesión con el curriculum entre los dientes, en empresas que no les trataron como debían, a sabiendas de que sus empleados no tenían muchos otros lugares a donde ir, siguen ya en esas mismas empresas. La retención de talento es hoy un problema de primera magnitud.

«Esas empresas que no cuidaron a sus empleados -concluye Aran-, dándoles formación o haciendo actividades con los equipos, lo han pagado. A la larga, en cuanto una persona tiene la oportunidad, se va».

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